Dios plantó pruebas de su existencia en las páginas de la historia, en su obra de la naturaleza y en el arte de los cielos sobre nosotros. Leemos acerca de su fidelidad y de cómo cuida de su pueblo desde el comienzo de la historia registrada hasta este momento. Descubrimos que el alimento para nuestros cuerpos se envuelve en plantas, animales y minerales. Las estrellas que Él colgó en los cielos son usadas por los marineros para orientarse y navegar de un país a otro. Cuando miramos a nuestro alrededor somos capaces de encontrar la huella de Dios en este planeta o una señal de su morada sobre los cielos y más allá.

Sin embargo, se necesita avidez para verlo, una mente abierta para buscarlo y un corazón sensible abierto para aceptarlo, y una vida desinteresada para seguirlo.

Incluso las personas que no quieren creer en Él, utilizan la mente que Él les dio para negar Su existencia. Los argumentos que proporcionan y la lógica que utilizan, al final proviene de Su gracia. Cuando miramos a todos los dioses creados por el hombre, ninguno de ellos ha resistido la prueba del tiempo. Duran únicamente mientras sus creadores pasan a la oscuridad del vacío.

El Creador, el Dios que es Dios, habló a través de un salmista y dijo: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz”.

Los hombres podrían hablar y discutir, disertar y trabajar, escribir y trabajar para borrar la existencia del verdadero y único Dios, pero no hay manera de que lleguen a los cielos y oculten Sus estrellas.

 

Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Salmos 19:1-3

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